Encerrado
en el abismo de un mundo,
que no olle, que no vé,
de felicidad pasajera
y sufrimiento eterno.
Tú, tú y tú
el interminable juego
de tu pensamiento,
desconfiado naces,
desconfiado mueres.
Siquiera olles,
grito que muere en tu oido,
señor de la indiferencia,
creador del abismo.
Detened tu lanza,
que el tiempo aún vive,
destruid el sufrimiento
que tu alma ha construido.
Escuchad el grito
de este misero oprimido;
descansad en paz,
tu alma libró
de aquel abismo.
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